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Local o nube, las cuentas honestas

Cuándo compensa el hardware propio y cuándo es un hobby caro. Diez pasos por un cálculo que cuenta electricidad, tu tiempo de trabajo y la pérdida de calidad, en vez de enfrentar solo precio de hardware con precio por token.

La cuenta que hace todo el mundo es esta: la tarjeta gráfica cuesta tanto una vez, la nube cuesta tanto al mes, tras tantos meses la tarjeta está pagada. Esa cuenta casi siempre está mal, porque se deja fuera dos partidas mayores que el precio del hardware.

La primera es tu tiempo de trabajo. La segunda es la diferencia de calidad, que se traduce en más retrabajo. Con las dos dentro el resultado cambia, y para algunos casos se inclina al otro lado. Este playbook echa las cuentas con honestidad, en ambas direcciones.

1. Ordena primero por el motivo, no por el precio

Hay tres motivos para lo local, y solo uno es un problema de cálculo.

Si el motivo es la privacidad, la cuenta es secundaria. Los datos que no pueden salir de casa tampoco pueden salir si la nube fuera más barata. Aquí decide el requisito, no el dinero.

Si el motivo es la independencia, estás comprando un seguro. Ningún proveedor que cambie precios, ningún modelo apagado de golpe, ningún bloqueo por una política. Eso tiene un valor que se puede cifrar, pero no en precios por token.

Si el motivo son los costes, entonces calcula. Los pasos siguientes hacen justo eso.

Consejo: Si te das cuenta de que tu motivo real es la curiosidad, es del todo legítimo. Solo que entonces no calcules, ponte un presupuesto. Es más honesto y acaba mejor.

2. Mide tu consumo real antes de calcular

Casi todos sobrestiman su consumo. La impresión de "usamos IA constantemente" viene de la frecuencia de uso, no del volumen de tokens.

Mira en la facturación de tu proveedor qué costaron realmente los últimos tres meses. Ese número es el punto de partida. Todo lo demás es intuición, y la intuición con precios por token es poco fiable porque los importes parecen minúsculos.

Consejo: Separa dos cosas que se mezclan con gusto. Una tarifa plana cubre el uso interactivo dentro de esa aplicación, con límites de uso y reglas de uso razonable, y no está pensada como canal para procesamiento masivo automatizado. Para todo lo automatizado pagas además precios de API por token. Quien mete ambas cosas en el mismo saco se calcula el hardware local artificialmente bonito o artificialmente malo.

3. Cuenta el hardware completo, no solo la tarjeta

Quien compra para modelos locales rara vez compra solo la tarjeta. Se añade una fuente de alimentación que la soporte, a menudo otra caja, a veces más memoria, y en montajes mayores un equipo que pueda quedarse encendido de noche.

En los equipos de Apple es más fácil de abarcar, porque la memoria queda fijada en la compra. A cambio no se puede ampliar, lo que vuelve la decisión más definitiva.

Consejo: Calcula con tres años de vida útil, no cinco. Al ritmo al que cambian modelos y exigencias, una tarjeta a los tres años no está rota, pero se queda pequeña para lo que entonces es normal. Queda no obstante un valor residual, las tarjetas gráficas se venden de segunda mano, y eso lo puedes descontar.

La cuenta completa queda así: (hardware menos valor residual) dividido entre los meses de vida útil, más electricidad al mes, más tu tiempo de mantenimiento por tu tarifa horaria, más el retrabajo del paso 6. Esa suma es la que enfrentas a la factura mensual de la nube, no el precio de compra a secas.

4. Incluye la electricidad

Una tarjeta gráfica potente consume varios cientos de vatios a plena carga. Con los precios de la luz en Alemania eso no es un error de redondeo, es una partida.

La cuenta es sencilla: consumo en kilovatios, por horas bajo carga al mes, por tu precio del kilovatio hora. Lo decisivo es la segunda cifra, y la mayoría la sobrestima mucho, porque la tarjeta solo consume a plena potencia bajo carga. Cuenta igualmente el reposo si la máquina queda encendida para ese fin: un equipo esperando no consume cero vatios, y a lo largo de un mes eso suma.

Consejo: Si el equipo está encendido de todos modos y solo preguntas de vez en cuando, la partida de luz es pequeña. Si una máquina corre en permanencia para procesamiento masivo, es grande. Esos dos casos son económicamente muy distintos.

5. Mete tu tiempo de trabajo, con honestidad

Esta es la partida que falta en la mayoría de comparaciones y la que más a menudo inclina el resultado.

Un montaje local hay que instalarlo, actualizarlo y repararlo cuando falla. Los modelos se reemplazan, los entornos reciben actualizaciones, de vez en cuando algo deja de funcionar tras una actualización. Cuenta con unas horas al principio y con esfuerzo recurrente después.

Usa tu propia tarifa por hora. Si al hacerlo descubres que la puesta en marcha cuesta más que dos años de nube, eso es un resultado y no un argumento en contra de hacerlo igualmente. Solo tiene que ser consciente.

Consejo: Quien quiera aprender el tema de todas formas puede rebajar esta partida, porque parte se contabiliza como formación. Quien solo quiere una herramienta, no.

6. Cifra la diferencia de calidad

Un modelo local de gama media está cerca de los grandes proveedores en tareas de texto sencillas. En tareas difíciles no lo está, y esa diferencia cuesta tiempo porque retrabajas más.

Coge diez tareas típicas y que las hagan ambos. No midas la calidad en puntos, mide los minutos que aún necesitas tras la respuesta hasta que el resultado sea utilizable. Esa diferencia por la frecuencia es una partida de coste real.

Consejo: Justo esa prueba decide la cuestión mejor que cualquier ranking. El procedimiento está en Qué modelo local encaja con tu hardware, paso 7.

7. Comprueba si el lado de la nube está bien calculado

Mucha gente compara hardware local contra el modelo de nube más caro. Eso es injusto con la nube.

Si tu tarea es lo bastante sencilla como para que la resuelva un modelo local de ocho mil millones de parámetros, en la nube también la resuelve el modelo económico. Y ese cuesta una fracción del puntero. La comparación honesta es local contra gama económica, no local contra buque insignia.

Consejo: Un montaje que manda las peticiones simples a un modelo barato y solo pasa hacia arriba las difíciles es la mayor palanca de coste que existe, y sin hardware propio.

8. Reconoce los casos en los que lo local gana claramente

Hay patrones en los que la cuenta sale inequívoca.

Volumen muy alto con tarea sencilla. Clasificar decenas de miles de documentos, ordenar textos en categorías, normalizar montones de registros. Aquí la nube cobra por unidad y tu máquina simplemente corre.

Datos que no pueden salir. Ya tratado, aquí decide el requisito.

Sin conexión fiable. Quien tenga que trabajar sin red no tiene elección.

Carga continua en vez de picos. Una máquina ocupada de forma constante se amortiza. Una que espera el 95 por ciento del tiempo, no.

Consejo: Si ninguno de esos cuatro patrones te aplica y la privacidad no es un tema, la nube gana la cuenta con alta probabilidad.

9. Reconoce los casos en los que la nube gana claramente

Eso también forma parte de una cuenta honesta.

Con uso fluctuante en la nube pagas solo lo que consumes, mientras que el hardware se amortiza también en los meses tranquilos. En tareas de razonamiento duras la distancia de calidad es tan grande que el retrabajo sale más caro que el precio por token. En equipos pequeños sin informática el esfuerzo de operación es el verdadero motor de costes. Y quien necesite la generación de modelos más reciente la tiene en la nube el día del lanzamiento y en local meses después en formato más pequeño.

Consejo: Una tarifa plana desplaza aún más esta cuenta, porque una petición interactiva adicional no cuesta nada extra mientras te mantengas dentro de los límites de uso. Por encima entran la limitación o una tarifa adicional, y para ejecuciones automatizadas la tarifa plana no aplica en absoluto. Quien tenga una debería construir en local sobre todo por los motivos del paso 1, y por ahorro solo donde de verdad se acumule volumen.

10. Decídete por lo mixto si dudas

Los dos bandos discuten la cuestión como si hubiera que elegir. No hay que hacerlo, y la mayoría de montajes productivos tampoco lo hacen.

Un montaje mixto manda al modelo local todo lo que lleve datos sensibles y todo el trabajo en masa, y a la nube todo lo difícil. Obtienes privacidad donde la necesitas y calidad donde cuenta.

Hay algo en lo que no puedes ahorrar, o anulas justo la privacidad por la que lo montas: dos entornos separados, no un conmutador. Las herramientas sensibles, los historiales y los almacenes de conocimiento van solo en la configuración local; las credenciales de la nube, solo en la otra. La misma interfaz con un selector de modelo no basta: lo que una herramienta de lectura metió una vez en el historial se va contigo al conmutar.

Consejo: Que sea el mismo software de servidor en ambos casos te ahorra montar el segundo entorno, no la separación en sí. Qué servidores registras en cada uno sigue siendo una decisión de seguridad. El detalle está en MCP con modelos locales, paso 10.

Qué sigue

Si aún no tienes nada funcionando y quieres hacer la cuenta con experiencia propia, Tu primer modelo de IA local en 30 minutos dura exactamente lo que dice. Si la privacidad es tu motivo principal, IA local y el RGPD aclara qué resuelve lo local de verdad. Y si te quedas en la nube pero quieres bajar la factura, Controles de coste para daily drivers es la palanca más directa.

Source

Los precios y la oferta de modelos cambian rápido. El método de arriba sigue valiendo, las cifras hay que ponerlas frescas cada vez.

  • Anthropic, precios actuales por modelo: https://www.anthropic.com/pricing
  • OpenAI, resumen de precios: https://openai.com/api/pricing
  • Ollama, biblioteca de modelos con tamaños: https://ollama.com/library